3 de octubre de 2008

Narcoterroristas


Lo cuenta hoy Luis Prados en El País: los talibanes que combaten en Afganistán al ejército regular y a los aliados se han convertido en productores y traficantes de opio, la materia prima de la heroína. Nada nuevo. Antes de la invasión de Estados Unidos, Afganistán estaba a la cabeza de la producción de opio, donde ha vuelto tras unos años de escasez, los que coincidieron con los momentos más bajos de los talibanes, aplastados en un primer momento por los aliados y, desgraciadamente, resurgidos por la incompetencia de los mandos norteamericanos, que dedicaron el grueso de sus esfuerzos a la guera en Irak.
Afganistán produce el 95 por ciento de la heroína que se consume en el mundo. Y las áreas de cultivo coinciden casi exactamente con las zonas que controlan los talibanes, que, según cuenta El País, ya han instalado sus propios laboratorios para convertir el opio en heroína, la heroína que llega, entre otros muchos lugares de Europa occidental y oriental, a España. La heroína es ya la principal fuente de financiación de los talibanes, como la cocaína es la de los terroristas colombianos.
Poco después del 11-S tuve la oportunidad de ver en Nueva York el museo de la DEA. En varias de las salas, se hacía especial hincapié a la estrecha relación del narcotráfico con el terrorismo. Casi nadie lo tomaba en serio a este lado del Atlántico, calificando esta relación de delirios y paranoias de los norteamericanos. Poco después, un grupo de marroquíes intercambió hachís por explosivos para hacer un inmenso daño en mi ciudad. Madrid. Las cadenas que amarraron a Ingrid Betancourt y a los cientos de rehenes que siguen en poder de las FARC se pagan con la cocaína. Y los explosivos que amenazan a nuestros soldados en Afganistán se financian con la venta de heroína. ¿Delirios? No, hace tiempo que los terroristas saben que no hay vía de financiación más eficaz que las drogas.