13 de abril de 2009

Una nueva lección del padre de Anabel Segura


Han pasado dieciséis años del asesinato de Anabel Segura, uno de los casos que con más profundidad he tratado en toda mi carrera. A él le dedicamos un amplio capítulo en nuestro primer libro, Así son, así matan y muchas veces hemos hablado del asunto en la radio y en la televisión. Hoy, en Las Mañanas de Cuatro he vuelto a abordar el horrible crimen de Anabel. He compartido plató con Rafael Escuredo, abogado y portavoz de la familia. Fue una persona clave en la investigación policial, porque era el único hilo que mantuvo el contacto entre Emilio Muñoz, uno de los asesinos, y la policía, que analizaba y escuchaba atentamente todo lo que el criminal decía. El aplomo, la profesionalidad y la humanidad de Escuredo palió en parte el insoportable dolor de la familia.
Además, el programa ha hecho una conexión con el domicilio de los padres de Anabel en Estepona. Allí ha respondido a las preguntas de Concha García Campoy José Segura, el padre de la víctima. Lo ha hecho con amabilidad, con señorío y aún, dieciséis años después, dedicando palabras de agradecimiento de manera muy especial a los policías que resolvieron el asesinato de su hija.
Aquellos policías –confieso que mantengo con muchos de ellos lazos de amistad que van más allá de las relaciones profesionales– tardaron 31 meses en resolver el crimen. Pero ese tiempo estuvieron dedicados en cuerpo y alma al trabajo. Vivían con la obsesión de esclaracer aquel asesinato, hasta el punto, como he recordado hoy en Cuatro, que uno de ellos llevaba en su coche la cinta con la voz de los secuestradores y la escuchaba cada vez que se subía a su vehículo. José Segura, Rafael Escuredo y unos pocos más sabemos que fue así y por eso las palabras de agradecimiento del padre de Anabel son una lección más de un padre que supo estar alejado de los focos para dejar trabajar a la policía y que sólo se puso bajo ellos para dar las gracias. Como hoy, una vez más. Otros tendrían que aprender.