17 de noviembre de 2008

Porteros de discoteca


Ir a divertirse con dieciocho años y acabar con el corazón reventado a golpes por un portero de discoteca es algo que una sociedad como la nuestra no debe permitir. Y punto. No hay puntos de vista intermedios, ni ambigüedades que valgan. Y que el local en el que ha ocurrido todo siga abierto es, simplemente, vergonzoso. Alvaro Ussía no es la primera persona que muere en las puertas de una discoteca, a manos de los porteros, pero creo que es el asesinato más repugnante de cuantos han sucedido en este ámbito. Por la desmesura de la reacción de los criminales, por la indefensión de la víctima...
Como hemos contado esta mañana en Las Mañanas de Cuatro, cualquiera puede ser portero y eso en sí mismo no me parece demasiado grave. También casi cualquiera puede ser vigilante de seguridad y no van matando gente por doquier, salvo casos excepcionales. El problema es la cultura de la violencia que se ha instalado en ese gremio. Os recuerdo que, por ejemplo, Eloy Sánchez Barba, el escolta de Ana Obregón encarcelado en relación con el asesinato de Miguel Ángel Salgado, se dedicaba a la seguridad en locales nocturnos y que uno de los cargos que tiene es el de dar una paliza de muerte a un hombre en una discoteca de Valencia. Y también os recuerdo que una de las principales actividades de la mafia búlgara en Madrid es dar seguridad en las discotecas, actividad que les sirve de cobertura para traficar con armas y con drogas. Pero eso pasa hace mucho tiempo, mucho tiempo antes de que Álvaro y sus amigos decidiesen tomarse la última en El Balcón de Rosales.

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