5 de diciembre de 2007

Han muerto dos héroes


La noticia era esperada. Casi segura. Fernando Trapero ha muerto. Como su compañero Raúl Centeno. Eran dos héroes. Dieron su vida por nuestra libertad y nuestra seguridad. Como la han dado tantos otros servidores del Estado, asesinados a veces o con la vida destruida en otras ocasiones. He tenido estos días la oportunidad de habar con veteranos de la lucha antiterrorista, tipos que quemaron su juventud haciendo trabajos similares a los que hacían Fernando y Raúl. Estaban tristes. Tristes por la muerte de los dos agentes y tristes porque recordaban a sus compañeros caídos. Casi ninguno de ellos recibió los honores de Estado que recibió Raúl y que a buen seguro recibirá Fernando. Pero, en algo, las cosas han cambiado. Ya no hay que enterrar a escondidas a las víctimas, hay que rendirles honores. Pero los honores no deberían llegar de presidentes, familia real y políticos. Los honores debían llegar desde la sociedad entera, esa sociedad que, como yo mismo, en estas fechas prepara sus compras navideñas o su salida de vacaciones. Y mientras hacemos eso, otros muchos héroes se están jugando la vida en Francia, en la boca del lobo, sin armas, a pecho descbierto. Si hay suerte, jamás conoceremos sus rostros y seguirán siendo héroes anónimos. Pero héroes. Sueño con que algún día, no muy lejano, nuetros policías y nuestros guardias civiles dedicados a la lucha contra el terrorismo tengan ese tratamiento: el de héroes.