14 de diciembre de 2007

Pilar Muro, un ejemplo de dignidad frente a una pandilla de facinerosos


Pilar Muro es una viuda que ni siquiera puede llevar flores a su marido. Su esposo es o era Publio Cordón, un empresario que fue elegido en 1995 como objetivo por los dementes facinerosos de los GRAPO. Su familia logró burlar los controles policiales y pagó los 400 millones de pesetas que exigían los terroristas a cambio de la vida de Publio. Ni del dinero ni del empresario se ha sabido nada. Ayer llegó la última condena por el caso. Fernando Silva Sande, el encargado de liberar a Cordón, fue condenado a 28 años de prisión por el secuestro.

Hace unos años también fueron condenados los otros integrantes del comando que llevó a cabo el secuestro: Enrique Cuadra, José Ortín y Concepción González. Ninguno ha querido explicar qué hicieron con Publio Cordón tras recibir en París el millonario rescate. Su mujer, con la que tuve la oportunidad de pasar una jornada en su casa de Zaragoza en 1998, ha tenido que oír durante estos años toda clase de insidias, como que su esposo se marchó al Caribe aprovechando el desenlace del secuestro o que su cautiverio fue voluntario para tapar la supuesta mala situación de su empresa. Y Pilar Muro ha mantenido en todo momento una entereza y una dignidad que sólo saben mantener las víctimas de tragedias como la suya. Ha declarado en los juicios contra los verdugos de su marido manteniendo a mirada de los asesinos de los GRAPO. Un ejemplo. Uno más.