5 de julio de 2008

¿Denunciarán torturas?


El ejército colombiano está sacando pecho delante del mundo entero. Tiene sus razones para ello. La operación jaque ha sido un éxito y hay que celebrar la libertad de Ingrid Betancourt y el resto de liberados. Emocionante la historia de ese cabo que ha pasado diez años en manos de los narcoterroristas y que hizo posible que Ingrid siguiese con vida, alimentándola cucharada a cucharada. Decía que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe y su ejército están muy orgullosos de la operación. Anoche, me emocionaba el vídeo que difundieron de los últimos minutos de cautiverio de los rehenes y en el que se puede ver a los carceleros de las FARC tragándose el papel de reporteros de los militares colombianos.
Esta mañana, al ver la portada de El País, no he podido evitar una sonrisa. Me ha encantado ver la cara hinchada de uno de los dos terroristas de las FARC detenido en la operación, obligado a posar con su compinche delante de las cadenas con las que ataban a sus rehenes. La cara del terrorista no deja lugar a dudas. Recibió una tunda de golpes considerable, seguramente muchos más de los necesarios para reducirle. ¿Y? No sé qué futuro le espera a partir de ahora, pero sospecho que tendrá en los próximos seis años mejor vida que la que él y la banda de delincuentes que integran las FARC le han dado a Ingrid Betancourt y a los rehenes que estuvieron con ella. Dudo que duerman con cadenas al cuello, que les hagan orinar delante de una linterna...
La sonrisa que me ha provocado la cara hinchada del terrorista se me ha borrado cuando he hecho una pequeña reflexión. ¿Os imagináis qué habría pasado si la Guardia Civil hubiese difundido fotos parecidas tras liberar a Ortega Lara, con uno de sus torturadores cosido a golpes? Pero por mucho que se empeñen muchos, no hay equidistancia entre los asesinos, los toruradores y sus víctimas. Y en Colombia parecen tenerlo claro.