12 de noviembre de 2007

La mafia polaca, esta semana en Intervíu



Salen de su país, viajan más de dos mil kilómetros en busca de un futuro en una nación de la que apenas conocen un par de equipos de fútbol, de la que desconocen su idioma... Pero muchos inmigrantes polacos logran labrarse un futuro a base de horas y horas de trabajo: en la construcción, en los transportes, en el servicio doméstico... Algunos de ellos hasta consiguen fundar su propia sociedad, con la que dan trabajo a otros compatriotas. El sueño de la emigración hecho realidad y hecho pedazos cuando aparece la impía mafia polaca. Polacos que eligen a sus víctimas con el único criterio de que sean polacos, con lo que creen garantizada su impunidad: una especie de omertá recorre esa comunidad y protege a las bandas dedicadas a extorsionar, a pedir un dinero con la única contrapartida de que la víctima y su familia no sufran daños.
A veces, las víctimas se resisten o, simplemente, no pueden pagar lo que les exigen las bandas. Palizas brutales, planchas ardiendo en el pecho, orejas rebeanadas... Esos son los métodos de la mafia polaca, que esta semana desvelamos en Interviú.

El suicidio de un ciudadano polaco dio lugar a la operación Heidi, llevada a cabo por el Grupo XVI de la Brigada de Policía Judicial de Madrid, un puñado de hombres y mujeres policías dedicado a perseguir la delincuencia que viene de Europa del Este. Años atrás habían comenzado a golpear a este grupo, pero unas veces la desidia de los jueces y otras veces el terror insuperable de las víctimas han permitido a los mafiosos salir impunes de otras detenciones. Pese a ello, el Grupo XVI siguió trabajando sin descanso a esta organización. Lo más difícil en estas operaciones no ha sido investigar a los mafiosos. Lo más complicado ha sido convencer a las víctimas de que España es un país en el que todos vivimos bajo el imperio de la ley. Todos. Y de eso se encargan policías como los del Grupo XVI.

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