29 de noviembre de 2007

El peluche Mahoma y la joven violada
condenada a prisión


Gillian Gibbons, una profesora británica de 54 años, ha sido condenada en Sudán a quince días de prisión por "ofender a las creencias religiosas e incitar al odio". ¿Su delito? Llamar a un oso de peluche Mahoma, el nombre que eligieron para la mascota los alumnos de su clase, niños sudaneses de siete años. La presión diplomática británica ha debido ser fundamental para librar a la profesora de las penas que le podían haber impuesto los tribunales sudaneses: 40 latigazos y un año de prisión.
Hace unos días, conocimos que una chica saudí de 18 años fue condenada a seis meses de cárcel y 200 latigazos. Y eso después de haber sido violada por siete hombres. Se la condena porque, en el momento de la violación, la joven estaba hablando con un hombre del que no era familiar, algo que en Arabia Saudí, el poderoso aliado de Occidente en el Golfo, es delito.
Los dos casos apenas han ocupado espacio en los periódicos de esta semana, pero éste último sí dio pie a un magnífico artículo de Rosa Montero publicado el pasado martes por El País, del que me permito reproducir parte: "Me pregunto qué opinan del caso todos esos individuos que abogan por el relativismo cultural. Aquellos que dicen que no podemos juzgar las sociedades islámicas desde Occidente. Y que los nigerianos e iraníes que lapidan a las adúlteras, por ejemplo, tienen sus razones culturales para hacerlo, razones que no podemos entender y que debemos respetar. Aunque parezca mentira, hay personas cultivadas que sostienen tal cosa, y el argumento se utilizó en la crisis de las viñetas de Mahoma. Esta falacia finge ser respetuosa con el contrario, pero en realidad es paternalista y cobarde: desdeña la capacidad ética del otro y evita ayudar al oprimido. En todas las sociedades ha habido individuos que supieron denunciar los abusos del entorno.
Ni una palabra más. Sólo que espero que algún día, como leía hace poco a Ayman Hirsi Alí, la Ilustración llegue a las sociedades islámicas.