3 de febrero de 2008

Bernard-Henri Lévy y Estados Unidos



Descubrí a Bernard-Henri Lévy gracias a mi compadre, Luis Rendueles, que me recomendó ¿Quién mató a Daniel Pearl?, una fascinante investigación del pensador francés sobre el asesinato del periodista norteamericano a manos de un grupo de fundamentalistas islámicos y un viaje a los infiernos de Pakistán, uno de los estados más siniestros del mundo. Hoy, precisamente el día del supersunday, la noche que todo Estados Unidos –y algunos europeos, como yo– está pendiente de la Superbowl –New England vs. NY Giants–, he terminado el nuevo libro de BHL, American Vertigo. Es una verdadera delicia. Dos tercios del libro están dedicaos al viaje que el pensador francés hizo en el año 2004 por todo Estados Unidos, siguiendo los mismos pasos que dio su paisano Alexis de Tocqueville para escribir La democracia en América en el siglo XIX. Durante este recorrido, BHL disecciona los EEUU post 11-S. Y lo hace con una honestidad enorme, liberado de cualquier lugar común y de los prejuicios en torno a ese país que tanto abundan en su Francia natal. Por las páginas del libro pasan todo tipo de personajes: desde Sharon Stone a Hillary Clinton, pasando por Barack Obama o Norman Mailer... Pero el autor también habla con tiburones financieros, con ultras religiosos o con pensadores de esa izquierda norteamericana que existe –pese a lo que se nos quieren hacer pensar a este lado del Atlántico– y que trata de mantener el espíritu sobre el que se fundó esa nación. Las prisiones de Estados Unidos, sus iglesias, la siniestra base de Guantánamo... Todo pasa por el bisturí de BHL.
En la última parte del libro aparece el pensador, el filósofo y el brillante analista. En esas densas páginas, BHL analiza qué es hoy Norteamérica para los norteamericanos y para el resto del mundo. El autor condena con energía, sin paliativos, horrores como Abu Ghraib, Guantánamo o la justificación de la tortura en la lucha contra el terrorismo, pero también se identifica con los planteamientos de autores americanos como Michael Walzer: "El terrorismo no es ni el arma de los pobres ni la venganza de los oprimidos (los pueblos más miserables, los débiles, no producen terroristas). El terrorismo no es el último recurso de quien antes ha agotado los demás medios para hacerse oír y hacer que avance una causa justa".
En fin, American Vertigo es una lectura muy recomendable para acabar con los tópicos que en Europa tratan de imponernos sobre EEUU. Y es obligatoria para los que creemos que EEUU se fundó con unos principios que hacen a los hombres más libres, más justos, más iguales y más felices, como proclama su declaración de independencia. Os dejo una cita del libro que me ha gustado especialmente: "Se puede tener una visión crítica o encantada, republicana o demócrata, histórica o prospectiva. Se puede, como he hecho yo, no disimular nada del reverso del decorado y de su inevitable parte sombría. Se puede no olvidar los guetos de la miseria de Los Ángeles, ni a las madres de los soldados muertos en Irak, ni la estupidez bovina de los militantes –en nombre de la Segunda Enmienda– de la venta libre de armas de guerra en la feria de Fort Worth, ni, por fin, la vergonzosa impotencia del estado ante el aumento de la gran pobreza. Queda ese detalle que, por otra parte, no ha escapado a los más recientes perdonavidas del yankee way of life (estoy pensando en esa internacional terrorista que, como todos sabemos, no tiene en los guetos de miseria de Los Ángeles su preocupación más constante; estoy pensando en esos yihadistas de los que nunca se repetirá lo bastante que reprocha a Estados Unidos, no tanto lo peor que tiene como lo mejor, la libertad de palabra y pensamiento, la igualdad de derechos, el destino de las mujeres, la democracia...); queda, pues, ese detalle elemental pero decisivo: hay en el hecho de ser o, en cualquier caso, de querer ser norteamericano una dulzura, una ligereza, un elemento de evasión y, en una palabra, de civilización que hacen de ese país uno de aquellos en que, a pesar de todo, se sigue respirando mejor. Norteamérica es una idea que libera".